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Cinco años después de tomar Crimea, Putin casi pierde Moscú

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El partido del presidente ruso esquiva por poco una derrota en las elecciones municipales de Moscú. La crisis y la represión de la disidencia han perjudicado a los aspirantes gubernamentales en varios puntos del país.

Pese a los vetos legales, la oposición rusa ha abierto varias grietas en el férreo control que el gobierno ejerce sobre el sistema político. Rusia celebraba este domingo elecciones regionales y locales a lo largo y ancho del país. Pero la atención estaba puesta en el parlamento municipal de Moscú, sobre todo después de que las autoridades electorales se negasen a inscribir a 57 candidatos de la oposición extraparlamentaria comandada por el activista Alexei Navalny. Con el recuento prácticamente terminado, la agencia estatal RIA Novosti confirma que el partido gubernamental ha perdido alrededor de un tercio de los escaños que controlaba anteriormente en Moscú. Pasa de dominar ampliamente a quedarse con una mayoría ajustada de 25 o 26 sobre las 45 actas de concejal que estaban en juego.

Las elecciones de 2014 le dieron 38 (28 de candidatos propios y 10 de otros independientes que apoyó en algunos distritos) y sólo 7 a la oposición. En un país como Rusia, donde habitualmente el partido del gobierno copa casi todo el poder, las gráficas de esta mañana dan algo de vértigo. El bache en la popularidad del presidente ruso, Vladimir Putin (que tras anexionarse la península ucraniana de Crimea en 2014 logró un 80% de aceptación y que cayó el año pasado al 60%) ha estado cerca de convertirse en un descenso a los infiernos en la capital rusa, donde la oposición ha rozado el empate pese a los vetos.

Putin ha estado cerca de perder Moscú cinco años después de la euforia por la anexión de Crimea. Victorias como la de anoche tendrán hoy ‘padrinos’ de sobra. Ante la imposibilidad de colocar a sus candidatos en las elecciones por los vetos de la Comisión Electoral Central, Navalny y sus seguidores lo apostaron todo al «voto inteligente» contra Rusia Unida, o cualquier candidato apoyado por el partido del gobierno: incluso comunistas. «Está claro que la ‘votación inteligente’ funcionó. En toda la historia de las elecciones a la alcaldía de Moscú el partido en el poder no había perdido nunca tantos distritos, tendrán 20 o 22 asientos [de 45], han fracasado», se felicitaba Navalny anoche. Cada retroceso del partido del gobierno, aunque fuese ante un comunista o un ultranacionalista, era festejado por los mismos disidentes que hasta hace poco les acusaban tanto a unos como a otros de estar al servicio del Kremlin.

Los datos de por la mañana confirmaban que los comunistas pasan de de 5 a 13 ediles. Los liberales de Yabloko y los socialdemócratas de Rusia Justa lograban tres representantes cada uno. Aunque los oficialistas mantienen el poder en la capital, el partido sufre dolorosas derrotas. El líder en Moscú de Rusia Unida, perdía anoche su acta de concejal ante un desconocido comunista de 35 años. El propio alcalde de la ciudad, Serguei Sobyanin, reconocía esta madrugada en un tuit el avance opositor afirmando que el consistorio «se ha vuelto políticamente más diverso, lo que en general, espero, beneficiará al parlamento de la ciudad».

Según datos preliminares, en 19 o incluso 20 de los 45 distritos electorales de Moscú lidera un candidato de la oposición. En cambio, según las encuestas a pie de urna, los gobernadores interinos nombrados por Putin ganan con claridad en 15 de las 16 regiones donde se celebraron las elecciones.

Los datos de la comisión electoral sugerían anoche que la participación en Moscú sería un poco más del 20%. Varios vídeos filmados en los colegios electorales mostraron que algunos votantes llenaron descaradamente las urnas con múltiples papeletas, causando furor en la redes sociales.

Al presidente ruso, que acudió a votar a un colegio en el centro de Moscú, le preguntaron a la salida si hubiera preferido una mayor diversidad y un mayor número de candidatos electorales. Dijo que la calidad era un factor más importante que la cantidad. «En algunos países hay 30, 50 o 100 [candidatos]», dijo en comentarios ofrecidos por el canal de televisión Rusia 24, «y la calidad de su trabajo no depende de eso. Lo importante no es cuántos son, sino la calidad». Sin embargo horas después, tras el cierre de las urnas en Moscú, era la calidad de las encuestas la que fallaba: el Fondo para el Desarrollo de la Sociedad Civil, una de las principales encuestadoras, dijo que no divulgaría sondeos a pie de urna en las municipales de Moscú porque mucha gente había rechazado contestar y el resultado no era fiable.

El gobernador en funciones de San Petersburgo, Alexander Beglov, lograba anoche el 56% de los votos, según las encuestas. Una victoria relativamente cómoda para este aliado de Putin tras ver retirarse hace días a su principal rival, el aspirante comunista.

Según los primeros datos que llegaron del este del país, Rusia Unida perdió un gran número de concejales en las ciudades de Irkutsk y Jabarovsk. Ésta es la primera ciudad del país donde otro partido distinto de Rusia Unida (en este caso los ultranacionalistas del LDPR) tiene en su poder el puesto de gobernador y la mayoría en el parlamento regional y en los consejos municipales: en 2014 los de Putin tenían 33 concejales y la oposición se conformaba con dos, ahora el resultado era al contrario. El comunista Lokot lideraba la elección a la alcaldía de Novosibirsk, logrando su segunda victoria consecutiva pero esta vez no sobre Rusia Unida. En segundo lugar iba el aliado de Navalny Serguei Boyko.

«Estamos al principio de una crisis política», opina Stanislav Andreychuk, de la ONG rusa Golos, que supervisa las elecciones. «El punto de inflexión llegó «en 2018 después de la reforma de pensiones, los del partido del gobierno bajaron en las encuestas, y ahora no sólo vemos protestas en Moscú sino otras movilizaciones relacionadas con otros temas no políticos como la ecología». En contra de las previsiones de los más conservadores, el descontento se ha visibilizado en otros lugares alejados de las grandes ciudades. El mandato de Putin caduca constitucionalmente en 2024, pero Andreychuk cree que «no habrá movimientos hasta 2021, con las elecciones legislativas».

Igual que tras las protestas que sorprendieron a las autoridades rusas en 2011 y 2012, de nuevo impera la sensación de que nadie está seguro. Las casas o despachos de opositores fueron registradas antes y después de cada protesta. Muchos de ellos fueron detenidos en más de una ocasión en las últimas semanas, incluido Navalny. Durante la jornada de ayer la policía detuvo en el centro de Moscú a 16 opositores, incluido el periodista de ‘Novaya Gazeta’ Ilya Azar, según publicó este medio. Entre los detenidos también estaba la integrante de la banda Pussy Riot, Maria Aliojina.

Fuente: Elmundo.es

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