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Jericó unido trabaja para superar su emergencia

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En el albergue del seminario San Juan Eudes, de Jericó, se concentraban ayer las mayores angustias de la población afectada por la emergencia invernal, que en el amanecer del lunes festivo dejó gran parte del pueblo inundado, viviendas afectadas y muchas personas que, en un abrir y cerrar de ojos, lo perdieron todo, incluso sus viviendas y sus enseres.

Entre las 8.190 personas afectadas y que ayer eran atendidas por la alcaldía y los organismos de socorro del orden local, departamental y nacional, está Ana María Toro, de 45 años de edad, a cuya vivienda, ubicada en el sector de La Comba, ingresó la avalancha para destruir no solo la estructura sino también lo que había adentro.

“Le puedo decir que lo perdimos todo. En la casa vivimos once personas, varios niños y personas mayores. Tuvimos que salir con lo que teníamos puesto. De la casa no se salvó nada, es muy triste que por una negligencia tengamos que vivir esto”, denunció.

Para ella y otras familias, la tragedia estaba cantada y no se tomaron a tiempo medidas para controlar la situación.

Didier Bedoya, coordinador de la Defensa Civil de Jericó, relató que hace dos años se le venía haciendo un seguimiento minucioso a la montaña por algunas filtraciones de agua que se observaban.

“Debido a esto, habíamos puesto en marcha unos protocolos de evacuación en caso de que se desatara un fenómeno como este. Por eso la evacuación se hizo a tiempo. Los organismos de emergencia veníamos trabajando en el monitoreo de la quebrada La Valladales, pero no contábamos con el desprendimiento de tierra en el cerro Las Nubes, que fue el que nos alteró todo”, relató el oficial Bedoya, que con su grupo de socorristas llegó primero a los sectores más afectados, La Comba y Boyacá, para evacuar a las familias.

El balance en el Puesto de Mando Unificado, hasta entrada la noche, era de 2.656 familias. La creciente súbita de La Valladales, que se desató después de la 1:00 de la mañana tras más de seis horas de lluvia, dejó un saldo de dos personas heridas y otras siete atendidas por sufrir pánico.

Los dos heridos, un adulto mayor y un niño de diez años, fueron trasladados al hospital de Tarso debido a que el hospital de Jericó tuvo que cerrar su atención por estar en el circuito de la zona impactada.

El alcalde local Jorge Pérez, destacó el acompañamiento de los gobiernos nacional y departamental, así como de los organismos de emergencia en todos los niveles, que permitieron una evacuación rápida “y sobre todo un saldo favorable en vida humanas”, pues a pesar de la dimensión de la emergencia, no hubo desgracias qué lamentar.

Lo que viene

Anoche, la situación en la localidad era tensa y la població estaba nerviosa, pero las autoridades llamaban a la calma. Se mantenía la alerta roja.

Mariela Alzate, de 65 años, que habitaba una de las viviendas evacuadas junto a su esposo, de 70 años, caminaba por las calles con una cartera y una especie de almohada. “Nosotros no queríamos salir de la casa, pero cuando esa quebrada empezó a bajar con tanta fuerza, vino como un temblor de tierra y ese ruido tan fuerte, decidimos atender la orden de evacuar. Mi casa está que se la lleva la quebrada, no puedo volver”, relató.

En total, son siete viviendas de la cabecera urbana afectadas y una rural totalmente destruida, confirmó el alcalde.

El panorama en la zona de La Comba y Boyacá, San Francisco, El Caño, El Liceo y el Hospital anoche era de destrucción. Aunque al sitio llegó abundante maquinaria amarilla suministrada por la alcaldía, los organismos de socorro y la empresa AngloGold, las toneladas de lodo, piedras, escombros y material forestal era tan abundante, que se notaba poco el avance en la limpieza de escombros y lodo.

El parque de Jericó, mientras tanto, fue escenario de la unión del pueblo en torno a la emergencia: jóvenes, madres, adultos mayores y hasta niños, con escobas y palas, en pocas horas hicieron casi el milagro de devolverle a lugar su apariencia habitual recogiendo todo el material.

El gobernador Luis Pérez, que llegó al municipio hacia el mediodía, anunció que para hoy se protocolizarán las declaratorias de emergencia manifiesta y calamidad pública, que permitirán tomar decisiones rápidas y allegar recursos para los damnificados.

“Este fenómeno se presenta en Jericó cada 20 o 30 años y hay que buscar una solución desde la ciencia, de fondo, para que no vuelva a repetirse” dijo el mandatario.

El director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, Eduardo González, explicó que la situación se generó por la saturación del suelo. “Se va a trabajar en labores de restitución del agua (ayer solo llegaba el servicio por horas) así sea con carrotanques, en tareas de limpieza y en el Registro Único de Damnificados”.

El ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, advirtió sobre la importancia de actualizar los Planes de Ordenamiento Territorial -POT- en la búsqueda de evitar tragedias como la ocurrida.

“Buena parte de las emergencias en Colombia se exacerban por tener los POT desactualizados que no permiten identificar las zonas de más alto riesgo”, comentó.

Henry Suárez, de 42 años, no recuerda haber visto a Jericó en esta situación. El pueblo de los mil colores, de los balcones y las 16 iglesias; religioso, histórico, turístico y patrimonial, ayer olía a humedad, a tierra represada, a lodo.

Acá nació la Santa Madre Laura y tal vez por eso, en el Día de Todos los Santos, no ocurrió una tragedia mayor. Decían sus habitantes que ellos protegieron al pueblo más religioso del Suroeste. Todos esperan que la montaña no se desprenda de nuevo. Y así seguir con la rutina de sosiego que caracteriza a la llamada Atenas del Suroeste.

Fuente: El Colombiano

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